"Dice Sopenhauer acerca de la vida que el hombre es como un nadador que se zambulle en el mar cuando nace y a medida que va nadando se encuentra con islotes que representan los momentos felices de su vida y los cuales finalmente son engullidos por la brava mar, por lo que el hombre ha de continuar con su viaje. Luego también se encuentra con tormentas fieras que amenazan con engullirle por lo que al igual que con los problemas ha de afrontarlos o esquivarlos dependiendo de su elección; Y cuando por fin va llegando a la orilla empieza a perder las fuerzas hasta que naufraga y muere allí arropado por la noche"
domingo, 17 de mayo de 2009
jueves, 14 de mayo de 2009
LUCHADOR DE ESTRELLAS
Desnudo
Y es la noche que me permite,
contemplar,
lo que el día se empeña en mi,
no mostrar.
Pues es la noche mi refugio,
en la cual de luces prendo,
mi imaginación,
y cae honda luz,
en lo hondo de mi ser.
Y derrepente una llamada,
un silencio escucho,
y a allá a lo lejos
mientras la noche es noche,
y el día día,
yo atento,
mudo vigilante,
contemplo el paso del tiempo,
hablando con las tinieblas,
orando con los dioses,
porque sea mi amanecer,
mi resucitar,
y con espada de Damocles,
el fuego de Prometeo,
que arrebatado a los dioses,
por la fe ciega en la humanidad,
y el canto cegador de Orfeo,
que con bellas palabras,
a poderosos enemigos derrotó.
Sean mis armas,
con las que a la batalla lanzarme,
ansioso de de noche,
combata a la sombra,
y más a allá los astros,
las lunas y los cielos,
haganme cuenta,
para cuando parta,
destino sea el vacío,
y música sea el vacío,
el infinito mi hogar.
martes, 12 de mayo de 2009
CARTA DE UN GUERRERO
Esta carta fue publicada hace algún tiempo, en el blog de Ernest Mila infokrisis, nosotros la reproducimos viendo el especial interés que nos suscita por su alto valor heroico y patriótico por la defensa de la libertad al conjunto de Europa como seña de una lucha para la que tras un tiempo de preparación hoy ha llegado la hora de librarla y de VENCER.
(..)Yo, que mañana he de morir, escribo estas letras a la luz de unas antorchas esperando que amanezca. Contemplo el resplandor de las estrellas, y su brillo es muy diferente de la lobreguez que envuelve a los cadáveres que se extienden frente a mí, los mismos que tiñen de rojo el barro que piso, y cuyo olor acre me repugna tanto como saber que mañana yo seré uno más entre ellos. Yo, Agatocles, soldado espartano, hago guardia en el desfiladero de las Termópilas, sé que hoy nos han rodeado, y que este lugar será mi tumba, y al pensarlo mi estómago se encoge de frío, como si la gelidez de la muerte quisiera invadir ya mi cuerpo. Por eso escribo con mi letra menuda, y al hacerlo mis manos dejan de temblar y siento que mis temores se difuminan. No, no intentar huir al resguardo de la oscuridad; en su lugar escribo, y estas letras hablarán por mí cuando yo esté muerto, ellas explicarán por qué acepto mi destino; sí, serán ellas las que darán cuenta de los motivos de los que aquí esperan la muerte.
De nosotros, los espartanos de la guardia del rey Leónidas, dicen que somos hombres justos, que fuimos elegidos entre aquellos que más despreciaban las riquezas y el lujo, y que nunca nos hemos dejado corromper por el oro; pero en verdad yo os digo que quien dice esto miente. En Corinto vimos por primera vez oro y plata en abundancia, y nos arrojamos sobre él ansiosos de botín, pero al poco vimos al hermano pelear con el hermano por una copa de plata, o a hombres que habían luchado codo con codo disputar por una esclava de ojos verdes.Leónidas nos vio poseídos por la codicia y nos convocó en el ágora. Allí arrojó lo que le había correspondido al suelo y dijo: «Ahí tenéis mi parte, mataos por ella». Los trescientos hombres de su guardia nos avergonzamos y nos desprendimos de nuestras riquezas de igual manera. Desde esa noche abandonamos los palacios de mármol y dormimos fuera de la ciudad, al cobijo de nuestras tiendas de lino. Todos los hombres del ejército de Esparta nos alabaron y dijeron: «Éstos son hombres justos que no se dejan corromper», pero se repartieron nuestro oro, y a nosotros no nos importó, porque habíamos visto el precio de la opulencia, y nos pareció tan alto que ni uno solo de los trescientos tuvo ánimo para permanecer en la ciudad. (amistad y lealtad antes que el oro)Por eso, cuando distinguimos a Jerjes en la colina vestido de seda engarzada con piedras preciosas, le despreciamos. Sin embargo, aquella misma tarde nos ofreció un carro cargado de oro a cambio de dejar el paso franco y nosotros sentimos de nuevo el gusano de la codicia en nuestro interior, y creo que nadie se vio libre de desear esas riquezas y abandonar el desfiladero y vivir; pero Leónidas se puso frente a nosotros. Él nos conoce y por eso no habló de honor, gloria, o patria, porque sabía que en esta ocasión esos términos sonarían huecos a nuestros oídos frente a la palabra vida. «Quizás alguno todavía desea vivir en Corinto», dijo, «el que quiera puede coger su parte y abandonarme. Al que lo haga le recomiendo que cargue mucho oro para olvidar el rostro de los amigos que deja atrás, y le hará falta aún más para olvidar la sangre de los que morirán por su traición más allá del desfiladero». Eso dijo, y luego guardó silencio, y nadie se movió, y ni uno solo de noso tros arrojó las armas, y por un momento, sólo por un momento, nos regocijamos de estar allí junto a nuestro rey. Así fue, y quien diga lo contrario merece la muerte.
De nosotros, los espartanos de la guardia del rey Leónidas, dicen que somos hombres de gran valor, que no tememos la muerte y despreciamos el filo de las armas de los enemigos. Yo, en verdad os digo, que quien dice esto miente, que al ver las filas del enemigo erizadas de armas se nos encoge el corazón y tememos el corte del acero y el dolor de las heridas; pero mucho peor que este dolor nos parece sufrir el desprecio del amigo que combate a nuestro lado, la vergüenza de la mujer que espera nuestro regreso, o el repudio del anciano que un día luchó por nosotros. Por todo eso dominamos nuestros temores y luchamos poseídos de una furia salvaje que resplandece en nuestros ojos, pero esa mirada no es de odio al enemigo, sino de espanto por saber que la parca camina siempre a nuestro lado y que cualquiera puede ser el próximo. Así es, y quien diga lo contrario merece la muerte.
De nosotros, los espartanos de la guardia del rey Leónidas, dicen que somos hombres leales y luchamos por la libertad de los ciudadanos helenos, por la justicia y la ley, pero en verdad yo os digo que quien dice esto miente.
Mañana al amanecer embrazaremos nuestros escudos y, tras empuñar las lanzas, se escucharán nuestros himnos de guerra resonar en el desfiladero, y cargaremos contra las hordas de los bárbaros. Yo avanzaré hombro con hombro ocupando mi puesto en la falange cerrada, y sentiré el calor, la luz del sol, el olor del hierro, el sudor de los hombres, sabiendo que todo eso lo haré por última vez. Y mi lanza se llenará de sangre, y mataré diez bárbaros, o cien, o mil, pero esto valdrá de poco, porque mi vientre será atravesado por las lanzas del enemigo y moriré, pero no lo haré por la libertad de los helenos, ni por la justicia y la ley, ni siquiera moriré por Esparta. Moriré por no verme esclavo, arrastrando la cadena de la servidumbre por los desiertos de Media; moriré por vengar a Agesilao, mi amigo, al que vi caer ayer atravesado por una flecha egipcia; moriré junto a Arquíloco, que me ha cubierto el flanco con su escudo en diez batallas y mañana me lo cubrirá por última vez; moriré por Leónidas, que nos conduce a la muerte, pero al que le estamos agradecidos porque antes hizo de nosotros hombres.
Mañana, cuando la noche caiga, de la guardia del rey Leónidas sólo quedará un grupo de cuerpos sin vida, y después un puñado de huesos, y después un puñado de polvo, y después nada. Quizás entonces, cuando se haya olvidado el nombre de Esparta, e incluso el vasto imperio del Rey de Reyes haya sucumbido al olvido, alguien recordará nuestro sacrificio y verá que por nuestra muerte fuimos justos, valientes y leales, y todo lo que no llegamos a ser en vida, y entonces dirá: «los espartanos de la guardia del rey Leónidas murieron hace mucho, pero su recuerdo permanece inmortal». Así será, y quien diga lo contrario merecerá la muerte.
sábado, 9 de mayo de 2009
NAVEGANTE DE IDA Y ADIOS.
Cuando en mi mundo,
Yo navegante,
a merced de las olas,
en mi barca me sumerjo...
Son las olas,
impulsos de mi corazón,
es la brisa,
mi suspiro, mi pesar.
Es el horizonte,
mi esperanza,
es la barca perdida,
mi soledad, mi naufragar.
Y a solas,
lima, lima,
allá en las profundidades,
la vida que sucumbe y muere,
y entonces soy Yo en el oceano,
resplando de al fondo,
la llama de la vida,
ilusión.
Y entonces lloro y lloro,
y mudo contemplo,
mientras la mar embate mi barco,
como lentamente,
el resplandor absobe mi vida,
y termina en el horizonte,
borrase mi rostro, mi luz,
solo perdurese mi eco,
...
miércoles, 6 de mayo de 2009
VIAJERO DE EL VIENTO
¿Y no es la vida un suplicio?,
¿Una cadena sin ataduras?,
que aflige aflige,
cadenas de ilusión,
de la pena y de la amargura.
Es mi cuerpo un despojo,
una carga con la que viajo,
con la que al mar me lanzo,
en busca de sueños y aventuras,
de la que pájaro quiero salir,
y vivir libre de todo acontecimiento,
en fundición con el aire libre.
Y no ser más que eso,
un suspiro apagado,
que entonando una canción,
libertad murmulla,
libertad.
lunes, 4 de mayo de 2009
BARBARIE MUSULMANA, VIDEO DE LA BARBARIE
SIN PALABRAS... ENLACE CON EL VÍDEO DE UN NIÑO MUSULMÁN MUYAIDIN DECAPITANDO A UN HOMBRE ADULTO SEGÚN UN RITO ISLÁMICO:
http://www.megavideo.com/?d=6M9ILZ15
http://www.megavideo.com/?d=6M9ILZ15
Y luego el gobierno y sus amigos haciendo alusión a la alianza de civilizaciones...
Para que nos corten el cuello y así reducir gastos con las pensiones de jubilación, ¡Qué listos!, pues va a ser como que no, los Europeos luchamos hasta el final por nuestra tierra y por nuestra vida, y si sigue habiendo personas que están a favor de dicha alianza y del mestizaje cultural es, sencillamente porque carecen de cultura y están condenados al fracaso social porque para ellos pensar es un esfuerzo muy grande,¡mejor nos dedicamos a la buena vida, a consumir como borregos, escuchar música decadente digna de un buen psiquiatrico y leer libros escritos por culturetas de pacotilla que en la vida se han leido un libro en condiciones y cuya producción artística esta destinada a obtener unidades y unidades de lo que en Occidente se llama capital y en la UE, EURO.
viernes, 1 de mayo de 2009
ECOS DESDE EL INFIERNO 2º PARTE

Y es aquello por lo que luchamos,
nuestra ira,
hermanos,
voy a mataros,
solo veo odio,
más mis ojos son fuego,
las llamas del infierno,
la sonrisa de Lucifer,
o pietad dioses
dejadme,
dejadme vivir,
no,
no muerte vengas a mi,
dejame.
Huyo,
a caballo sobre mi pensamiento,
sobre mi inteligencia,
cargado de forjas de esperanza,
por ese magno desierto,
árido y seco,
más la muerte se avalanza.
Corro,
tengo que correr,
el infierno detrás,
abrazando a la muerte,
beso fatale....
Tengo que vivir,
no lo conseguiré,
-¿el qué conseguirás Alexandro?
-la vida,
-la necesito,
-no me la arrebatéis,
-dejadme ser libre.
-Infiel,
- la hallaras cuando mueras,
-no,
-piedad de mi alma,
-no,
-por favor,
-con vos no me llevéis...
VIENTO
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